
BOGOTÁ ESCENIFICADA. SIGLO XX: CUATRO OBRAS DE TEATRO
Las cuatro piezas colombianas consideradas aquí fueron escritas en distintas épocas, durante el siglo XX, y su objetivo es presentar
Nació en Bogotá el 8 de marzo de 1905 y murió en la misma ciudad, el 10 de mayo de 1969.
Estudió en el Gimnasio Moderno y en la Escuela Ricaurte; después inició estudios en la Escuela Nacional de Agronomía, que no concluyó.
Escritor, poeta, crítico, dramaturgo, traductor y periodista. Siendo muy joven escribió columnas de crítica teatral en El Espectador; posteriormente, publicó cuentos y reseñas en la revista Cromos. Hizo parte de Los Nuevos, tertulia que sesionaba en el café Windsor, quienes publicaron una revista del mismo nombre, entre junio y septiembre de 1925. Luego Zalamea se unió a una compañía teatral y con esta viajó por Centroamérica. En Costa Rica publicó su primera pieza teatral, El regreso de Eva (1927). El teatro fue uno de sus mayores intereses, pues le interesaba la relación que el género establecía entre el escenario y el espectador, al igual que la relación entre la poesía y los lectores, el poeta y su público, temas que ampliará en su largo poema en prosa El sueño de las escalinatas.
Entre 1928 y 1933 recorrió España, Francia e Inglaterra. Colaborador de los periódicos El Tiempo, El Liberal, La Razón. Fundador de las revistas Rin Rin, Revista de Indias y Estampa (1938). Director de Hojas de Poesía, y de Crítica, a partir de 1948 y durante tres años, y en la cual publicó el cuento La metamorfosis de su excelencia, que acarreó la censura de la revista por parte del gobierno de Mariano Ospina Pérez. También, dirigió la Editorial Bolívar.
Zalamea Borda desempeñó cargos diplomáticos y oficiales con gobiernos que fueron afines a su pensamiento ideológico y político. Miembro de la legación colombiana en Madrid y vicecónsul en Londres, desde donde redactó una carta abierta a Alberto Lleras y a Francisco Umaña Bernal titulada De Jorge Zalamea a la juventud colombiana. En esta, Zalamea acusaba a su generación de abandonar el papel crítico que le correspondía en la actividad política del país, claudicando ante el poder que le ofrecían generaciones ya caducas.
Se desempeñó como secretario privado del presidente Alfonso López Pumarejo y ocupó altos cargos en el Ministerio de Educación. Durante su permanencia en este Ministerio, promovió la construcción del Teatro Infantil del Parque Nacional. Entre 1934 y 1938 fue relator de la Comisión de Cultura Aldeana; igualmente, proyecto de López Pumarejo, cuya idea central era acercar la población rural del país a los conocimientos propios de la cultura occidental. Representante a la Cámara por Cundinamarca, elegido en 1941. Durante el segundo gobierno de López Pumarejo fue nombrado embajador en México y luego en Italia. Cuando las circunstancias políticas cambiaron y las nuevas orientaciones no estaban acordes con sus principios ideológicos, Zalamea se retiró y continuó escribiendo poesía y ensayos sobre pintores y escultores colombianos, temas prehistóricos, entre otros.
En 1965 recibió el premio Casa de las Américas por su ensayo La poesía ignorada y olvidada; en 1967, realizó una antología de poesía vietnamita y en 1968 se le otorgó el galardón soviético El Lenin de la Paz. Una delegación de la Embajada soviética, con presencia del presidente de la República, le hizo entrega de una medalla, en el Teatro de Colón. Al poco tiempo los tanques soviéticos entraron a Praga y aplastaron las libertades del pueblo checo. Zalamea hizo pública su protesta de manera iracunda. Alguien le recordó que esto le acarrearía la suspensión del dinero que el galardón implicaba, el cual todavía no había recibido, y dada la situación económica del autor y la enfermedad que estaba padeciendo en dicho momento, el dinero era apremiante; a lo cual Jorge Zalamea contestó: “¡Que se vayan al carajo. A mi conciencia no la calla nadie con todos los rublos y los dólares del mundo!”.
Para la Radiodifusora Nacional, Zalamea escribió el coloquio Horas de soledad (1940), que se basa en hechos históricos de la vida del general Francisco de Paula Santander. También escribió para el teatro La cofradía de los cornudos, que todavía está inédita. Según un artículo del periódico El Tiempo, firmado por el catalán Ramón Vinyes, en esta obra:
“Jorge Zalamea pone silencios en las bocas de los de cabeza ornamentada. La calle es la que les recuerda la farsa, y la calle pincha con sus alfileres lo grotesco del drama, y los cornudos sienten su vida dentro de una humillante igualdad de cofrade”.
Autor de otras obras teatrales publicadas: El regreso de Eva, publicada en San José en 1927, y en Bogotá en 1936; El hostal de Belén: Imagen de Navidad (1941), llevada a la televisión el 15 de diciembre de 1950; también traducida al inglés y publicada en Staford University, California. Pastoral: Imagen de Navidad, y El rapto de las Sabinas. Farsa romántica, premiada en Estados Unidos, cuyo galardón fue entregado por Thornton Wilder. Asimismo, la obra fue ganadora del primer premio en el concurso abierto de la Radiodifusora Nacional, en 1941, la cual fue transmitida en el Ciclo de Autores Colombianos, en ese año. Fue llevada al escenario el 10 de diciembre de 1942 por la compañía mexicana de Virginia Fábregas, en el Teatro de Colón, de Bogotá. Esta obra fue traducida al ruso y publicada en la revista El Mundo, de Kiev, en 1960.
El autor también presentó El rapto de las Sabinas al concurso abierto por el IV Festival de Teatro Colombiano, realizado en Bogotá en 1960, y quedó entre las finalistas. En septiembre de 1960, la representó El Semillero de Medellín, en la ciudad de Bogotá, bajo la dirección de Héctor Correa Leal, con escenografía y vestuario de Enrique Grau, Jorge Elías Triana e Ignacio Gómez Jaramillo.
Zalamea fue traductor de la poesía del francés Saint-John Perse, que se constituye en uno de sus mayores legados a la literatura colombiana. Desde Washington, Perse agradeció de manera elogiosa y sincera la traducción. Después de haber sido clausurada la revista Crítica, se exilió en Buenos Aires y allí tradujo autores como: Dimitri S. Merejhkovski, Jean Paul Sartre, T. S. Eliot, Paul Valery y William Faulkner. Allí también publicó su obra más famosa, El gran Burundú-Burundá ha muerto (1952), que es la historia, en tono satírico, de un dictador, su ascenso al poder y el espectáculo de su funeral. Para la profesora María Dolores Jaramillo, de la Universidad Nacional de Colombia, esta obra es:
"un poema ceremonial, teatral y carnavalesco del caudillismo latinoamericano, una sátira política del dictador; caricatura implacable y parodia, donde lo trágico, lo cómico y lo grotesco se funden…".
Traductor de los dramas: Monserrat, del argelino Emmanuel Robles, que fue montada y dirigida por Luis Enrique Pachón, en 1958; El diablo y Dios, de Jean Paul Sartre, traducción publicada en Buenos Aires [1957]; En 1971, Carlos Castrillón adaptó, dirigió y estrenó con su grupo Escalinata, el relato El sueño de las escalinatas, original de Zalamea. También, en 1974 la Escuela de Teatro de Bogotá la llevó al escenario, y en el decenio de los años ochenta la adaptó Carlos Mario Aguirre, del grupo El Águila Descalza, de Medellín.

Las cuatro piezas colombianas consideradas aquí fueron escritas en distintas épocas, durante el siglo XX, y su objetivo es presentar

Artículo publicado en: Teatro colombiano contemporáneo. Antología (1992). Centro de Documentación Teatral. Madrid, España. Esta obra se puede leer en

El presente artículo fue publicado en un número monográfico de la revista Gaceta dedicado al poeta José Asunción Silva, cuya