
BOGOTÁ ESCENIFICADA. SIGLO XX: CUATRO OBRAS DE TEATRO
Las cuatro piezas colombianas consideradas aquí fueron escritas en distintas épocas, durante el siglo XX, y su objetivo es presentar
Nació y fue bautizada en Cali, en 1894, y murió en Medellín, el 20 de septiembre de 1971. Soprano, actriz teatral y de radio.
Su nacimiento ocurrió en Cali durante el primer viaje artístico que sus padres hicieron a Colombia, quienes eran artistas de primera línea, de entre siglos: el italiano José Ughetti, quien había nacido en Rota (Trieste) y que en 1889 había arribado al continente americano. Su voz era la de barítono, y en varias oportunidades se desempeñó como director de compañía; y de la mexicana Esperanza Aguilar, tiple, quien pertenecía a una extensa familia de cantantes, reconocidos en ese país. Marina fue la hija mayor de la pareja y le acompañaron otros hermanos, también artistas de teatro musical: Esperanza, nacida en México, en 1897. Roberto y Raúl, nacidos en Bogotá, en 1899 y 1904, respectivamente.
Se puede decir, por tanto, que Marina Ughetti y sus hermanos nacieron en el escenario y vivieron en la carreta de Tespis de país en país, de teatro en teatro, dada la vida artística errante de cada uno de sus progenitores y sus respectivas familias. Según contaba Marina, ella se paró en un escenario a los tres años de edad, puesto que su madre la llevó de la mano al momento de recibir los aplausos del público, como si fuese un pequeño amuleto de buena suerte.
La pareja Ughetti Aguilar era contratada por compañías internacionales que realizaban giras por teatros españoles e hispanohablantes y del norte del África. Para 1906, Marina formaba parte de los coros de la compañía de sus padres, conocida por ese entonces como de Zarzuela Esperanza Aguilar. Estando en temporada en Panamá, dicha compañía fue contratada para realizar una gira por Colombia, junto con otros artistas que se unieron bajo el nombre de Hispanoamericana de Zarzuela (Dalmau-Ughetti). La primera ciudad a la que llegaron fue Popayán y de allí continuó su recorrido hacia el norte del país, pasando por Cali y otras ciudades del Valle. Fue en este departamento donde Marina nació y donde, años más tarde, se decidió que hiciera su debut como solista, en el papel de Rosa, en la zarzuela El rey que rabió. Además de los aplausos y ovaciones que la debutante recibió esa noche, en las entrevistas ella también recordaba otra función magnífica en la que la ovación y los aplausos se mantuvieron durante varios minutos. Este hecho ocurrió en Panamá, cuando al lado del barítono Manuel del Real ella salió al escenario vestida con la bandera del país, en el paso doble de la bandera, en Las corsarias, una pieza cómico lírica.
Y así, temporada tras temporada, país tras país, la familia Ughetti Aguilar continuó su recorrido por Centroamérica, Nueva York y Cuba. Unas veces bajo el paraguas de su propio nombre y sus propios recursos económicos, y otras asociados con distintos artistas y empresarios, para conformar compañías de zarzuela y opereta bastante completas y poder brindar grandes espectáculos con amplio repertorio. Estando en Nueva York, el empresario cubano Roberto Crespo los contrató para realizar funciones en Cuba.
Al llegar a la isla, Marina actuó en la película serial, de diez episodios, El genio del mal (1919-1920), del director cubano Enrique Díaz Quesada, producida por Esteban Ramírez, en la que ella desempeñó el papel de Ángela Noval. Su padre, José Ughetti, también estuvo incluido en el elenco del film. Este se estrenó el 8 de noviembre de 1920 en el Teatro Campoamor, de La Habana, sede de las series producidas por la Universal. En esta ciudad, Marina se casó con Roberto Crespo, empresario y libretista reconocido en el Caribe, quien formó parte de la compañía Santa Cruz, dirigida por Ernesto Lecuona y el compositor español Vicente Lleó.
Al parecer, en Cuba nació la primera hija de Marina, Margarita Crespo, que continuaría la tradición familiar de acompañar a sus padres en las giras artísticas. Con esta compañía, el novel matrimonio Ughetti Crespo viajó a México, en 1925, y posteriormente se radicó un tiempo en España; en 1931, nació su segundo hijo, Mario Crespo. La pareja regresó a Colombia. Con su agrupación llamada Compañía de Operetas y Zarzuelas Marina Ughetti, en 1934 abrió temporada en el Teatro de Colón, de Bogotá, con La condesa de Chicago; después, continuó el circuito en Medellín, en el Teatro Circo España. Para las presentaciones en esta ciudad, la Ughetti contrató al tenor colombiano Carlos Julio Ramírez.
Finalizada la temporada, la artista disolvió la compañía y se asentó en Medellín, como locutora y radio actriz en emisoras de la ciudad. Los hermanos Ughetti Aguilar tenían ya experiencia en las ondas sonoras por haber trabajado en emisoras de Barcelona (España). Marina se vinculó con Radio Katía como presentadora del programa Radio-cocktail, que se transmitía todos los días de 1 a 2 pm. Corría el año de 1937. Al poco tiempo Radio Katía se convirtió en Voz de Antioquia y ella continuó vinculada con esta y con otras emisoras, como Ondas Tropicales y Radio Nutibara.
Marina llegó a convertirse en figura central de programas radiales de teatro, comedias y zarzuelas, episodios policiacos y radionovelas, escritas por su esposo Roberto Crespo. Para estos efectos creó la Compañía Radioteatral de Marina Ughetti. Entre estos programas se destacó el llamado Estampas populares (Hora sensacional) en el que, de acuerdo con el día, cambiaba el contenido; uno de sus títulos, por ejemplo, era el de Zarzuelas sintéticas. La revista Micro (Medellín) realizaba frecuentes encuestas para conocer cuál era la emisora preferida de los medellinenses, sus programas y voces más queridas e, indiscutiblemente, los programas en los que la Ughetti intervenía o dirigía eran bastante sintonizados.
La prensa antioqueña la consideraba, asimismo, como una rara avis del teatro, reconocida por sus “virtudes hogareñas”, “como esposa y madre”, como la describían algunos periodistas, pues mantenía su vida privada fuera del alcance de la prensa y de cualquier escándalo de farándula.
A lo largo de su extensa carrera artística, varios poetas le dedicaron a Marina algunos homenajes a través de poemas versificados, y cuando estuvo en temporada en Nicaragua, el poeta Rubén Darío le dedicó uno, compuesto por cuartetas. Esto le escribió:
¡Dios te salve Marina! Eres llena
De gracia sin igual, gentil palmera;
Es tu voz el arrullo que enajena
De la alondra que trina en la pradera.
Es contigo el poder de amor divino
Blanca paloma que en acento blando
Al cruzar los zarzales del camino
Vas tus cantares plácidos dejando.
Bendita eres porque en tu alma anida
La virtud al deber que siempre iguales,
Vas pasando el pantano de la vida
Sin manchar el armiño de tus alas.
Ave, Marina, cuando en verde fronda
Te arrobes en tus mágicos portentos,
¡Mándame desde allá, oh dulce alondra!
Tus misteriosas notas con los vientos.
Como se puede apreciar, el poeta realiza una alegoría con el avemaría, oración católica dedicada a María, madre de Jesús de Nazareth, cuya primera parte tiene fundamento bíblico. Este tipo de poemas o con alegorías eucarísticas las dedicaba el poeta cuando percibía que una mujer podría ser inalcanzable, por alguna circunstancia.

Las cuatro piezas colombianas consideradas aquí fueron escritas en distintas épocas, durante el siglo XX, y su objetivo es presentar

Artículo publicado en: Teatro colombiano contemporáneo. Antología (1992). Centro de Documentación Teatral. Madrid, España. Esta obra se puede leer en

El presente artículo fue publicado en un número monográfico de la revista Gaceta dedicado al poeta José Asunción Silva, cuya