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Gabriela,

SAMPER GARCÍA

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Titiritera, directora de teatro y cineasta, cuentista y profesora. Nació en Bogotá, el 31 de marzo de 1918, y murió en la misma ciudad, el 16 de mayo de 1974.

Gabriela fue una mujer y artista que se adelantó a su tiempo. Se atrevió a opinar sobre política, fue cineasta y es considerada una de las mujeres pioneras en el audiovisual etnográfico colombiano. Sus trabajos inspiraron a Marta Rodríguez, Jorge Silva y Gloria Triana a realizar películas sobre poblaciones marginadas en Colombia y a documentar tradiciones culturales. Así mismo, fue una de las artistas que más impulsó las representaciones del teatro de títeres e infantiles, labor por la cual es muy recordada y valorada en el medio teatral. Entre sus montajes más destacados se recuerda Pluft el fantasmita de María Clara Machado.

Hija del abogado Pedro Miguel Samper Madrid y de Saturia García Álvarez. Fue educada por su madre y por su abuela materna, la pedagoga Saturia Álvarez de García, así como de la institutriz irlandesa Elizabeth Birmingham, quienes se encargaron de su formación hasta los diez años. En 1928 ingresó al Gimnasio Femenino de Bogotá, del cual se graduó en 1936. Posteriormente, viajó a Europa, donde cursó estudios de literatura inglesa en Londres, y más adelante en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Durante ese periodo también tomó clases de danza moderna con la bailarina y coreógrafa Martha Graham, y continuó su formación en danza en la Bodenwieser Academy. Antes de regresar a Colombia, vivió un corto tiempo en Trinidad y Tobago. De regreso al país,  ingresó a la Universidad Nacional a estudiar filosofía y letras, donde se graduó en 1941. En ese mismo año se casó con Ulric de Verteuil (1912-1987), nacido en Puerto España, Trinidad.

Samper fue profesora de inglés, historia y danza en las universidades Nacional de Colombia, los Andes y la Libre. Fue una mujer contestataria, activista, en una época en la que la participación de la mujer en esos campos no era común. De 1950 a 1958 luchó de manera incansable contra las dictaduras civil y militar que rigieron el país durante esos años.

En 1954 estuvo vinculada a la recién fundada Escuela de Teatro del Distrito, dirigida por Fausto Cabrera. Desempeñó papeles en obras como Húmulus el mudo, Algo no dicho y Los trátalotodo. En 1958 ingresó al grupo de teatro El Búho y poco tiempo después comenzó su aprendizaje en el manejo de títeres.

En compañía de otros artistas, impulsó la conformación de la Cooperativa de Artistas (1960), que reunía a artistas de teatro y pintores involucrados en espectáculos o encargados de las escenografías. Estas actividades se realizaban en el Teatro de Colón y las presentaciones de teatro infantil —objetivo primordial de la Cooperativa— se efectuaban los domingos. Las caras más visibles de la Cooperativa, además de Gabriela, fueron Mónica Silva, Silvia Moscovitz, Celmira Yepes, Sonia Arias, Dora Cadavid, Felipe González, Arístides Menegetti, Joaquín Casadiego, Joaquín Moreno, David Manzur, Jorge Vargas, Alexander Morales, Jaime Murcia, Germán Moure, Alfonso Gutiérrez y Hernán Díaz.

La Cooperativa no se pudo consolidar como en un principio se había planeado, debido a algunos problemas que se empezaron a presentar al interior de ella, por lo cual terminó escindida. De esta división surgió el Teatro de Títeres El Burrito, cuya coordinación corrió a cargo de Samper. Esta agrupación participó en el IV Festival de Teatro, realizado en el Colón, con las obras: El Oso que no era Oso, dirigida por Bernardo Romero Pereiro, El rapto de las cebollas y Tres variaciones sobre Pombo, en las que Gabriela participó como actriz. Las actividades con El Burrito continuaron.

En 1961, Samper fue nombrada directora del Teatro Cultural de Parque Nacional, allí dirigió diversas obras y orientó talleres de teatro. Gabriela formuló su plan de trabajo y proyección bajo el lema “Oportunidad y estímulo” y se encargó de divulgarlo en colegios públicos, privados y entre los profesores de literatura. Dentro de la sala del teatro programó exposiciones de pintura infantil, talleres de música y representaciones de títeres con María Roda, Beatriz Daza, Hernando Kosher y Germán Moure.  Gabriela permaneció al frente de estas actividades hasta 1963, año en el que se retiró del cargo.

Antes de dedicarse al cine, en 1963, produjo programas de televisión infantiles, de temas históricos y culturales, y participó en algunos montajes de danza.

Con su tercer esposo, el fotógrafo y cineasta norteamericano Ray Witlin (1920-), fundan Cinta Limited, una compañía de producción cinematográfica. Realizaron películas publicitarias en Colombia y Estados Unidos. Después de esta etapa, en 1965, Samper escribió y dirigió El páramo de Cumanday, de 22 minutos, que es su primera película artística, en la cual relata una leyenda colombiana. El film ganó el tercer premio de cortometrajes en el Festival de Puerto Rico de 1965. También realizó documentales centrados en la diversidad cultural de Colombia, el primero, titulado Historia de muchos años y el segundo, ¿Qué es Intercol?, los cuales le merecieron varios premios, entre ellos, la Catalina de Oro y una Mención de Oro en el VII Festival de Cartagena, respectivamente.

Hizo dos películas en Estados Unidos en 1967, Una máscara para ti, una máscara para mí y Ciudades en crisis ¿qué pasa? Samper regresó a Colombia en 1969, y produjo tres películas: Festival folclórico de Fómeque, Los santísimos hermanos que explora una secta religiosa surgida en la década de 1960, en las montañas del departamento del Tolima, que reaccionó a la violencia de la época retirándose y buscando la paz a través de la penitencia. Este documental se conserva en el Archivo de Cine Latinoamericano, del Museo de Arte Moderno de Manhattan. Asimismo, filmó El hombre de la sal, que fue una exploración sobre el conflicto entre el arte tradicional y la tecnología. El documental ganó reconocimiento en el Festival de Valencia (Venezuela) y se llevó la Cruz de Malta en el Primer Festival de Cine Latinoamericano en Córdoba (Argentina).

El 3 de julio de 1972, mientras se desempeñaba como directora de divulgación cultural del Instituto Agustín Codazzi, fue detenida y acusada de supuestas actividades subversivas, supuestamente compartió copias de mapas del instituto con el grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional. Se trataba, por entonces, de la cacería de brujas que el gobierno de Misael Pastrana había desatado en el país. Samper fue llevada a una mazmorra en el batallón Ayacucho (Bogotá), donde la mantuvieron completamente incomunicada. Allí sufrió torturas físicas y psicológicas. Después, fue llevada a la cárcel nacional de mujeres, y tras cinco meses de prisión fue liberada por falta de pruebas. Durante este periodo escribió La guandoca, libro de cuentos en el que narra su experiencia como reclusa. Este dolor minó su vitalidad y su salud, nunca se pudo recuperar de los traumas físicos que la tortura le dejó. Fue liberada el 16 de noviembre de 1972, después de demostrar su inocencia.

Tras salir de la cárcel, Gabriela abandonó dos proyectos documentales que había planeado antes de su detención: uno sobre mujeres convictas y otro sobre el folklore colombiano. Posteriormente, salió del país y pasó el siguiente año y medio dictando clases en la Universidad de Cornell (Nueva York). Durante su estancia allí, fue diagnosticada con cáncer, motivo por el cual decidió regresar a Colombia. Gabriela Samper falleció en Bogotá el 16 de mayo de 1974.

Décadas después de haber padecido estos terribles dolores físicos y agravios, la hija de Gabriela, la cineasta y escritora Mady Samper, publicó el libro Mi Gabriela (2025), en el que relata los acontecimientos que vivió su madre durante ese periodo, enmarcados en el contexto de la situación política del país. En la obra también relata momentos dulces en compañía de su mamá, como cuando hacía teatro infantil e involucraba a sus hijas en los proyectos escénicos o cuando viajaban de pueblo en pueblo, como gitanos, presentando las obras. Mady recuerda, además, una anécdota particular durante una filmación, cuando el camarógrafo Ray Whitley y el cineasta Francisco Norden le pidieron que se cortara las trenzas.

Gabriela también escribió cuentos cortos, los cuales fueron publicados de manera póstuma en el libro titulado La guandoca. Una de las narraciones incluidas en esta obra sirvió de inspiración al dramaturgo Gilberto Martínez para escribir una pieza teatral que lleva el mismo título: La guandoca.

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