Biografía

Obras
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Carlos Emilio,

CAMPOS

Seudonimo: Campitos

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Conocido popularmente como Campitos. Nació en Chaparral (Tolima), el 12 de julio de 1906 y murió en Ibagué (Tolima), el 17 de diciembre de 1984.

Actor, director y comediógrafo. De temperamento inquieto, estudió en varios colegios, tanto en Chaparral, Facatativá, como en Bogotá. En esta ciudad inició su carrera de ingeniería en el Instituto Técnico Central, pero debió abandonarlos debido a una gravísima lesión que sufrió en su pierna derecha jugando fútbol.

Desde niño, Campitos fue un gran lector de los clásicos: Calderón de la Barca, William Shakespeare, Víctor Hugo, etc., y un apasionado por los poetas Charles Baudelaire, Paul Verlaine, Rubén Darío, Rafael Alberti, Porfirio Barba Jacob, y León de Greiff, con quien tuvo una amistad personal. Muchos poemas de estos escritores los sabía de memoria y los recitaba en tertulias con sus amigos. Incluso, en su juventud, él escribió sonetos satíricos que fueron publicados en el periódico La Mañana, de Chaparral.

En su juventud desempeñó innumerables trabajos: empleado de bancos comerciales, contador, funcionario de un juzgado, sustanciador, secretario de una unidad sanitaria en Cali, secretario de la Asamblea del Tolima, secretario del Sindicato del Ferrocarril de La Dorada (Caldas) y del Cable Aéreo de Mariquita (Tolima), entre otros.

Campitos se casó bastante joven y tuvo tres hijos de esta relación. Algunas décadas más tarde y ya separado de su esposa, se casó con la bailarina argentina Ángela Prigione, conocida como Any, quien formaba parte del trío de danza moderna An-Ro-Ye conformado por Any, Roberto Lozzi y Yenny Paulauskas. El matrimonio se llevó a cabo en Venezuela, en 1948. La pareja tuvo un hijo, Carlos Emilio.

A finales de 1939, Campitos llegó a Bogotá, y al poco tiempo inauguró un pequeño café al que bautizó con el nombre de Stalingrado, que se convirtió en sitio de encuentro, frecuentado por intelectuales de la época, quienes promovían discusiones políticas, artísticas y literarias. Durante esas tertulias, Campitos aprovechaba para imitar a los políticos en boga y a personas célebres en el medio. De esta manera, fueron conocidas sus grandes dotes de imitador. Al respecto, en una entrevista concedida por Campitos a la revista Cromos, dijo:

“Cansado de tanto voltear, me vine a Bogotá y monté el café Stalingrado. Era una peña de intelectuales. Alguna vez Eduardo Zalamea Borda me preguntó el por qué de ese nombre, y le respondí: ‘Para que no se lo tomen’. Pero siempre se lo tomaron. Abrí entonces el café El Trocadero. Y Rubayata, otro asiduo cliente mío, dijo que yo había hecho al revés de Napoleón: fui de Stalingrado a El Trocadero”. (Cromos. May. 23, 1960: 22).

Campitos había iniciado su vida artística en 1936, en Ibagué, cuando ingresó al grupo escénico del dramaturgo Salvador Mesa Nicholls. En esa oportunidad, actuó en el Teatro Tolima en El gran ciudadano, de Pedro Muñoz Seca. Ya en Bogotá, en 1942, ingresó al grupo escénico de la Radiodifusora Nacional, invitado por su director, Rafael Guizado, y por Hernando Vega Escobar. Intervino como radio actor en varias obras, tales como La locura de don Mendo, y en Luna de arena, de Arturo Camacho Ramírez, en el papel de Sabino. bajo la dirección de Vega Escobar.

Debido al éxito alcanzado en la radio, en ese mismo año el grupo de la Radiodifusora pasó a las tablas del Teatro de Cristóbal Colón y Campitos hizo su debut. Al año siguiente, forma parte del elenco de la Compañía Colombiana Vega de Vásquez, como actor de carácter, bajo la dirección de Vega Escobar. Actuó en las obras: Luna de arena, de Arturo Camacho Ramírez; Prohibido suicidarse en primavera, de Alejandro Casona; La luna se ha puesto, adaptación de la novela de John Steinbeck; Complemento: comedia en cuatro actos, de Rafael Guizado y Viaje a la tierra, de Gerardo Valencia. En corto tiempo y por corto tiempo, esta compañía es nacionalizada y pasa a ser la Compañía Nacional de Teatro, dependiente del Teatro de Colón; por tanto, del Ministerio de Educación.

En 1944, Campitos actúa en el largometraje Antonia Santos, de Patria Films, en el papel de Pablo Morillo, bajo la dirección de Miguel Joseph y Mayol, y Gabriel Martínez.

Campitos tenía grandes dotes actorales y presencia escénica. Adoptaba expresiones faciales, corporales y ademanes precisos de las personas a las que deseaba imitar. Además, era un magnífico versificador, repentista e improvisador. Cualidades escénicas que lo llevaron a tener comunicación expedita con sus públicos noche tras noche. Por esto mismo, le agradaba más el escenario que la radio y la televisión.

Entender a los públicos populares de distintas clases sociales, lo llevó a afinar su sarcasmo, a criticar al establecimiento político, a tocar abiertamente temas acotados por círculos intelectuales o solapadamente censurados por el gobierno.

El empresario suizo Roberto Allaz lo contrata para su Compañía de Revistas Musicales. En esta, Campitos imitaba personajes públicos y contaba cuentos y chascarrillos. Gracias a las giras artísticas exitosas que la compañía hacía por distintas regiones del país, Campitos alcanza gran popularidad. Decide, entonces, formar su propia compañía llamada Ensueño Tropical, dirigida por él. Las funciones consistían en cuadros musicales y danzas, música tropical y de cuerdas; aunque, la atracción en ese momento era Campitos y la actriz española Julita Muñoz, quien representaba un personaje creado por ella misma, La Gaga.

En 1945, el cómico decide reestructurar su compañía y con nuevos espectáculos cambia el nombre a Compañía de Revistas Musicales Campitos. Nombra a Roberto Lozzi como gerente, manda a diseñar y confeccionar el vestuario a Casa Machado, de Buenos Aires, y los decorados a Bergara Leumann, de la misma ciudad. Debuta en el Teatro Municipal con el espectáculo Fantasías, compuesto por veinte cuadros. Luego diseña el espectáculo Bocetos, que incluye números folclóricos nacionales y tangos. Los títulos de los cuadros son: Las totumas; Español, Cubano o costeño; Las marcas de plata; Los vaqueros tolimenses; Época de Luis XV, entre otros. La Compañía sale de gira con cuarenta y cinco artistas. Visita Ibagué, Armenia, Cali, Palmira, Tuluá, Buga, Manizales, Medellín, Puerto Berrío, Barranca, Barranquilla, Cartagena, Bucaramanga, San Gil, Socorro, entre las ciudades más importantes. También estuvo en Venezuela.

En 1946 vuelve a reestructurar sus cuadros artísticos y él se encarga personalmente de la dirección artística y la administración de la compañía, y cambia el nombre a Compañía de Revistas Maravillas. Campitos no puede evitar una crisis al interior de la empresa y a él le queda casi imposible hacerse cargo de todo de manera eficiente. A comienzos de mayo de ese año, reinicia temporada en el Teatro Municipal. Los críticos de teatro no le son benévolos. A finales del año, el dramaturgo Salvador Mesa Nicholls lo invita a presentarse en su teatro carpa, ubicada en las afueras del Bogotá de ese entonces.

Al poco tiempo, Campitos abandona la administración y producción de la compañía, y el empresario Pacho Hernández las asume. Esta reorganización se refleja en un nuevo nombre, ahora se llama Compañía de Revistas Musicales Campitos. Todos estos cambios también repercuten en la estructura espectacular. Se comienzan a montar comedias y parodias que él mismo escribe o adapta; introduce avances tecnológicos para el escenario, importados por él. No es de extrañar que al público poco le importaran dichos cambios administrativos o de nombre, pues el atractivo central era Campitos, quien atraía nuevos espectadores o los fieles de siempre. Esta nueva compañía debuta en 1947, con Campitos, empleado público, basada en Rodríguez, supernumerario, del argentino Ivo Pelay, adaptada por Rafael Jaramillo Arango. La dirección es de Clotilde Calvet. Para los actos de variedades se contrata a la cubana Zoraida Marrero y a Manuel Pinedo, tenor español.

Después, en el Teatro Municipal de Bogotá, estrena Llegaron parientes de Medellín, comedia de Juan Crisóstomo Osorio, con dirección de Campitos y de Clotilde Calvet. La Compañía sale de gira por el país y el exterior. En Medellín estrena las revistas musicales tituladas Las luciérnagas, Embrujo musical, Luces de Bengala y otras. La compañía fue objeto de crudos ataques por parte del director del periódico El Pueblo, quien en un artículo calificó a las bailarinas de “inmorales”; sin embargo, otros medios salieron en su defensa, a través de simpáticas columnas.

En 1948, Campitos estrena Juan Tenorio Jarami…yo, parodia de la obra de José Zorrilla, dirigida por Giráldez. Las escenas centrales se referían a los sucesos del 9 de abril: asonada, saqueos, incendios, etcétera. Los decorados y la parte sonora correspondían a los hechos reales (a cargo de los hermanos Beltrán). En la cuarta escena aparece Gonzalo Jiménez de Quesada lamentándose de las ruinas de la ciudad. De esta obra se hacían dos funciones diarias. El fin de fiesta comprendía piezas cortas con sabor regional: Padrecito Giraldo, basado en la vida del sacerdote antioqueño; Llegó el caimán, con tema de la costa Atlántica, y La doctora Kiki, que ridiculizaba los problemas amorosos.

A finales de este año, en Chaparral, el expresidente Darío Echandía y un grupo de personas rinden homenaje a Campitos. Le entregaron un pergamino en el que se le reconocía como uno de los artistas más destacados de Colombia y “gloria chaparraluna”. Al acto se unió el ministerio de Educación Nacional a través de una resolución.

En 1949, en el Teatro Municipal de Bogotá, estrena Dartagnan Mejía o Los tres mosqueteros, “revisada, corregida, aumentada y versificada por Carlos Emilio Campos, en colaboración con Gabriel Martínez. La acción ocurre en Sonsón de Antioquia, París de Francia y el Canal de la Mancha”, rezaba el programa de mano y la divulgación del espectáculo. También la dirigió Gabriel Martínez.

En la estructura espectacular que Campitos y otras compañías reinventan en esta década es el fin de fiesta, propio del teatro español antiguo. Ese fin de fiesta tenía una gran variedad de números artísticos que se presentaban al final de cada función. Los espectadores gozaban con los de la Compañía de Campitos; en especial, cuando el cómico intervenía en ellos. Él componía una serie de escenas breves que los espectadores reconocían de manera inmediata, pues sus estructuras estaban fijadas por un tema, por frases que se volvían célebres y por personajes que vestían siempre de manera idéntica. Campitos repetía las frases ya fijadas, acompañadas de gags inesperados o reconocibles que las hacía muy cómicas. El público se apropiaba de esas frases y las repetía después en la cotidianidad. Lo que cambiaba era el contenido de cada sketch, pues este se alimentaba de sucesos de la actualidad.

En uno de ellos, Campitos y otro actor aparecían con atuendo de viejas bogotanas, con ruana y pañolón, antiparras y un tejido de lana con dos agujas. Mientras las viejas movían las agujas intercalaban comentarios y chistes políticos, con modismos cachacos. Las palabras invariables eran “... cadeneta, mono, punto, ensortijada, punto, derecha...”

En otro cuadro escenificaba una reunión de la ONU a la que asistían mandatarios de distintos países y el presidente de Estado Unidos Dwight Eisenhower. Campitos tomaba la vocería con un fuerte acento español peninsular y decía: “Representantes de todos los países del mundo...”, frase invariable. Era el momento de criticar, por medio del humor, la política internacional. Otro fin de fiesta era el monólogo de José Dolores, interpretado por Campitos. Este personaje también aparecía en algunas otras piezas y el público reía tan pronto lo veía aparecer en el escenario. José Dolores era pálido, nostálgico y en verso hacía un recuento de la difícil situación del país y de los padecimientos del pueblo.

Campitos también presentaba un sketch en el que encarnaba a Charles Chaplin, con el traje, los zapatones, el sombrero de bombín y el bigote, e imitaba sus movimientos. Por esto gana el apelativo del Chaplin colombiano. En otro cuadro, imitaba al político liberal Jorge Eliecer Gaitán, con sus mismo ademanes, tono y léxico particular. En especial, él explotaba las constantes referencias que Gaitán hacía a los animales y al campo. Al final de la imitación Campitos remataba con: “Esta sociedad tiene una conciencia de vaca...”

En 1950, en el Teatro Municipal de Bogotá, introduce en sus espectáculos la luz negra, para lo cual importa el equipo indispensable. Estrena: Campitos, presidente de Sobalilandia, que es una revista musical compuesta por 32 cuadros. Los coreógrafos eran: Roberto Lozzi y Kiril Pikieris. Este mismo año estrena Con carro y sin gasolina. Revista musical compuesta por 24 cuadros, cuyo tema era la crisis por falta de gasolina. Por ese entonces, los ciudadanos colombianos debían hacer largas filas para conseguir el combustible. Después de la escasez de gasolina, estrena, en el Teatro Colombia, Juan Tenorio en Corea.

En 1952, la compañía inicia gira en Medellín con Aplanchando te quiero más, revista musical compuesta por 22 cuadros. En esta ciudad Campitos monta, además, un espectáculo de variedades, en el Teatro Bolívar, que obtiene gran éxito. Se titulaba Lentejas y lentejuelas y constaba de varios números musicales, danza y humor. El humor corría por cuenta de él, Montecristo y de Jean Carsi, los números musicales a cargo del barítono brasileño Mario Marcus, un formidable cantante que se encontraba en la ciudad e interpretaba arias de ópera, música popular y jazz, con igual maestría. Marcus fue una de las mejores voces del mundo latinoamericano del periodo. Él solo llenaba el Teatro Bolívar; la cubana Mercedes Pérez Cairo y Peggy Holland "la cantante rubia", como era anunciada e interpretaba canciones norteamericanas. Las danzas eran también variadas, a cargo del Trío An-Ro-Ye y del grupo de bailarinas de Pilar Albeniz.

Al año siguiente, con la Compañía de Teatro Cómico de Bogotá, Campitos presenta Cristóbal Colón en la facultad de Medicina, dirigida por Roberto Lozzi y producida por Vanegas y Hernández. Dicha pieza era una adaptación de la obra francesa de André Mouëzy-Éon y Robert Francheville.

En 1953, Campitos estrena La familia presidencial, una de las obras pertenecientes al ciclo temático sobre el general Gustavo Rojas Pinilla, y con ella inicia una nueva gira artística. Esta comienza en Barranquilla, donde no la pudo presentar, debido a las terribles amenazas anónimas que el cómico recibió. Para no defraudar a sus miles de espectadores, ni causar pérdidas a los empresarios, decidió redactar en volandas una nueva obra. Esta nueva creación llevaba por título Don Próspero Baquero, sainete llevado al escenario del barranquillero Teatro Paraíso.

Campitos no se traiciona, pues esta nueva pieza trata, asimismo, sobre el gobierno de Rojas Pinilla; aunque, en ella, a la sordina, hace algunas referencias al general, cambiando los nombres de los personajes. Este sainete muestra las debilidades del “jefe supremo”, su inclinación a tener fincas con ganado y a las ambiciones de la familia del personaje principal: Don Próspero Baquero.

Posteriormente, en Bogotá, se hace un preestreno de esta pieza, de manera casi clandestino, en la residencia de Eduardo Zuleta Ángel, al que asistieron altos personajes de las elites política, como Alfonso López con su esposa, Silvio Villegas, director del diario La República y otros más. El debut y la temporada se realizaron en el Teatro Lux, a donde asistió Mariano Ospina Pérez en compañía de toda su familia. Según se escribió después, la habitual seriedad del expresidente desapareció, aunque él fue objeto de unos cuantas alusiones y chascarrillos.

Debido a las amenazas recibidas en la costa, Campitos decide irse a Venezuela, donde era conocido por el público por haber estado en varias ocasiones. Inclusive, en una de esas ocasiones fue recibido por el presidente Rómulo Betancourt, con quien se hizo sacar una foto. Pero, los tiempos habían cambiado. En ese momento estaba en el poder el general Marcos Pérez Jiménez, quien envió agentes de la Seguridad Nacional a requisar su equipaje en el hotel. Encontraron la foto de marras: la de Campitos y Betancourt. Acto seguido, lo enviaron a él y a los artistas a la cárcel. La diplomacia se movilizó, la Cancillería protestó y la embajada colombiana en Caracas empezó a hacer los trámites respectivos. La reclusión duró pocos días, salieron en el momento en que Campitos y su elenco estaban preparando una función para los compañeros del penal. Ya en Colombia, Campitos declaró:

“Pero después me saqué el clavo, ya que ese ‘gordito’ me dio oportunidad de hacerlo figurar en uno de mis sainetes: Los tres reyes vagos, en el que muestro algunas de sus andanzas, de brazo con Rojas Pinilla y Perón”.

Se puede decir que su regreso fue triunfal. Numerosas personas y periodistas lo recibieron en el aeropuerto con aplausos y vivas. En 1956, que es el mismo año de su regreso a Bogotá y a las tablas, remonta Cristóbal Colón en la facultad de Medicina y, posteriormente, crea El barbero de Sevilla... Valle. La estrena en 1957, antes de la caída del general Rojas, que fue un periodo difícil en la vida republicana del país.

Desde ese entonces, no para de crear obras satíricas, relacionadas, principalmente, con la política del país. Los estrenos y las giras nacionales e internacionales se suceden una tras otra. En los Teatros Faenza y Lux (Bogotá), principalmente. En 1958, realiza temporadas de Los tres reyes vagos. Malhechor, Melgar y Malgastar. Parodia de los gobiernos militares de Juan Domingo Perón (Argentina), Gustavo Rojas Pinilla (Colombia) y Marcos Pérez Jiménez (Venezuela). Este último fue quien lo había encarcelado.

En 1960, en el Teatro San Jorge (Bogotá) estrenó Marcelino vino y … pum, revista; última pieza perteneciente a la serie sobre Rojas Pinilla. En esta mezcla tiempos, lugares y personajes: Julio César, Cleopatra y otros personajes “romanos” que están representados por muñecones, cuyas cabezas figuran las más importantes personalidades de la política colombiana del siglo XX. Campitos personifica a César y a su lado casi siempre esta Cleopatra. Para este espectáculo contrató artistas argentinas, expertas en revistas musicales.  Al año siguiente, en el Teatro Faenza estrenó la farsa Qui’hubo de la alternación mi señora Anunciación, dirigida por Roberto Lozzi y coreografía de Genoveva Paulauskas. En 1962, estrena Ayúdame a encaramarme. En este mismo año, en el Teatro California (Bogotá), subió al escenario otra pieza, Los hijos de Ana Arkos. Y en 1963, El minuto de dos, cuyo título recuerda al espacio televisivo El minuto de Dios.

Parece que, en 1964, decide descansar de escenarios y correrías. Con Hernando Vega Escobar publican la revista humorística y de sátira política La Gata Golosa, que tuvo corta vida editorial. También, se puede atribuir este descanso a que el fiel público de antaño de Campitos, lo estaba abandonando. Ya no acudía masivamente a aplaudirlo. Esto no le estaba ocurriendo solamente a él. Otros exitosos dramaturgos estaban pasando por similares circunstancias. Los tiempos estaban cambiando y los gustos del público también.

En 1965, Campitos regresa a las tablas en Bogotá con Llegó la transformación, comedia financiada por Punch Publicidad. En 1969, estreno de La feria de los candidatos, en Bogotá, y en 1971, crea Y después de tanta jarana la silla fue de Pastrana.

En 1971, Campitos decide radicarse con su familia en Cali y allí publica 30 sonetos anticipados de gentes de mi Tolima. Al año siguiente viaja a Barranquilla con rumbo a Centroamérica, Panamá, Costa Rica y Nicaragua, donde hace una parada, dada su admiración por el poeta Rubén Darío. Sigue a Honduras y Guatemala. En este país sus finanzas empiezan a disminuir. A mediados de 1975, Carlos Emilio Campos sufre un accidente automovilístico que lo obliga a detener sus actividades artísticas y a trasladarse a Nueva York, donde está radicado su hijo mayor, del primer matrimonio, el médico Humberto Campos. Se instala en Queens, donde empieza a trabajar en distintos oficios y se vincula con la colonia colombiana. En el Teatro Plaza de Queens, Campitos presenta piezas breves, como Masato claro, Mi país político. En 1975, la Universidad de Columbia le rinde homenaje en el Teatro Thomas Mann, y durante esa velada presenta y dirige Toque de queda, del dramaturgo Luis Enrique Osorio.

Fanny Mickey, la admirada actriz y gestora artística de Colombia, en 1976 lo invita a Bogotá, a participar en su Café Concierto. Por motivos de salud, Campitos pudo presentarse solamente un par de veces.

Contra cualquier pronóstico, en los años ochenta Campitos decide irse a vivir a Argentina. Por cansancio y problemas de salud regresa al país y se le rinden varios homenajes. Se radica con su esposa en Ibagué y a finales de noviembre muere Any, su esposa de tantos años. A los pocos días él también la sigue. Estos fueron los últimos años de ese cómico genial que llenaba los teatros donde se presentaba, que tuvo la inteligencia de parodiar la vida política y cotidiana de muchos colombianos, y creó personajes teatrales inolvidables, cuyos ecos todavía hoy se escuchan en otros artistas cómicos.

Además de las obras detalladas antes, también escribió y estrenó otras revistas, piezas, parodias y sketches que él modificaba al calor de los acontecimientos cotidianos y del aquí y ahora de cada función y su manera de relacionarse con el público. Además de las obras ya nombradas, entre otros títulos rescatados se hallan los siguientes: Campitos presidente, Mi país político, Señora Colombia, Robar, tomar y malgastar, Juan Tenorio en Corea, entre otras obras.

Campitos también escribió una autobiografía titulada Mi nacimiento en el teatro, texto que todavía está inédito.

Cristóbal Colón en la facultad de medicina. Adaptación escénica, en tres actos. Bogotá, 1952.

Dartagnan Mejía o Los tres mosqueteros. Comedia. Bogotá, 1949.

Juan Tenorio Jarami...yo. Farsa. Bogotá, 1948.

Los tres reyes vagos. Malhechor, Melgar y Malgastar. Bogotá, 1958.

Qui'hubo de la alternación mi señora Anunciación. Farsa. Bogotá, 1961.

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