
BOGOTÁ ESCENIFICADA. SIGLO XX: CUATRO OBRAS DE TEATRO
Las cuatro piezas colombianas consideradas aquí fueron escritas en distintas épocas, durante el siglo XX, y su objetivo es presentar
Nació en Gámbita (Santander) el 28 de agosto de 1882 y murió en Agua de Dios, el 22 de abril de 1945.
Músico y compositor. Su obra está formada por composiciones de distintos géneros, como, Intermezzos, composiciones religiosas, danzas, himnos, canciones, bambucos, pasillos, valses, marchas, pasodobles, tangos, gavotas y caprichos.
La biografía de este magnífico músico colombiano está incluida en esta base de datos, dada su vinculación con el teatro y con el dramaturgo Adolfo León Gómez.
Sin tener una educación formal, Calvo se convirtió en uno de los músicos más importantes en la historia del país, dado que interpretó la sensibilidad del pueblo colombiano. “Es la voz llena de ternura de los hogares colombianos”, dijo el músico José Manuel Cárdenas, en la inauguración del monumento a su memoria, erigido en Agua de Dios.
Félix Serrano, el padre de Luis A. Calvo también fue músico. Su madre, Marcelina Calvo, quien era panadera, decidió dejar su pueblo para que sus hijos tuvieran otras posibilidades y un mejor porvenir. Un día cualquiera, ella abandonó todo y se instaló en Tunja con sus dos hijos. Allí, Luis Antonio desempeñó varios oficios y encontró sus primeros maestros de violín y, piano, perteneció a los coros de la Iglesia y fue platillero de la banda de Tunja.
Buscando un mejor futuro, Calvo llegó con su familia a Bogotá, en 1905, y se vinculó a la banda del ejército. No fueron estos sus mejores años, pues su salario era insuficiente para sostenerse con su madre y hermana. Gracias a su primera composición, titulada Livia, logró un mejor pasar y obtuvo algún reconocimiento. El profesor Rafael Vásquez Flórez, admirado por ese vals, le abrió las puertas del Conservatorio. En este pudo ampliar sus estudios, aprender violoncello y conocer las escuelas musicales europeas. Gracias a la institución empezó a ganar reconocimiento y prestigio por sus composiciones.
Diez años después, le diagnosticaron la enfermedad de Hansen (lepra). Por este motivo debió recluirse en el lazareto de Agua de Dios, donde continuó componiendo. Cuando Luis Antonio recibió este terrible diagnóstico, expresó:
“El terror de los espantos tocó a mis puertas y con fieras garras arrebató la relativa tranquilidad que disfrutábamos tres seres unidos […] Me creo impotente para narrar las escenas de dolor y de angustia que por más de quince días precedieron al fatal desastre; pero, como para todo dolor humano hay un consuelo, en esta ocasión la gentil sociedad bogotana, siempre pronta a desplegar su proverbial y cariñosa solicitud hacia sus líricos infortunados, tuvo el más hermoso gesto para mí, el cual dulcificó mi inmensa pena”.
Precisamente, el 4 de marzo de 1916, cuando el dramaturgo Antonio Álvarez Lleras estrenó en el Colón la obra Como los muertos, que trata el tema de la lepra, Luis A. Calvo estaba dirigiendo la orquesta. Álvarez Lleras recordó después que, cuando el público con sus aplausos obligó a Calvo a subir al escenario para expresarle su admiración, el maestro subió muy pálido y conmovido por el drama, como se lo expresó al joven dramaturgo. Días después, cuando Álvarez, como toda la sociedad, se enteró de ese terrible diagnóstico, entendió la lividez y el temblor que esa noche percibió en el maestro.
Antes de recluirse en Agua de Dios, se le rindió un sentido homenaje en el Teatro de Colón. En esta oportunidad interpretó su obra Adiós a Bogotá. El médico Federico Lleras Acosta y el padre Perico García lo acompañaron a dicha población.
Después del homenaje del Colón, también se le rindieron otros, como, en 1941, en el Teatro Municipal de Bogotá, y en 1942 en Tunja. Así mismo, las autoridades le autorizaban a salir del leprocomio muy de vez en cuando, para realizar algún concierto en otras ciudades o poblaciones.
La admiración que le profesaban los colombianos al maestro Calvo hizo que la comunidad salesiana y habitantes del pueblo le donaran una pequeña casa dentro de Agua de Dios, que le permitió vivir con relativa comodidad, junto a su madre y hermana, que nunca lo abandonaron. Desde Bogotá, sus admiradores y músicos le hicieron llegar un piano que lo acompañó durante toda su enfermedad y en donde produjo buena parte de su extensa obra musical.
En Agua de Dios obligatoriamente convergieron literatos, historiadores, biógrafos, abogados, médicos y personas de otras profesiones y oficios, que dieron curso al florecimiento cultural e intelectual del lazareto. Se imprimieron periódicos que circularon con regularidad y, el hecho que aquí más interesa, el gobierno otorgó personería jurídica, en 1924, a la sociedad encargada de construir y administrar un salón teatro que fue bautizado con el nombre de Teatro Vargas Tejada, primer dramaturgo republicano. Entre los miembros de la Junta Directiva de dicha sociedad se hallaba el poeta y dramaturgo Adolfo León Gómez, presidente, y Luis A. Calvo, vicepresidente, junto con otros personajes más. Así que en este sitio se hacían conciertos, representaciones teatrales y fue un importante centro de actividad cultural e intelectual.
Además de componer su obra, Calvo conformó una estudiantina, dirigió la banda del municipio y otros conjuntos musicales, fue director del coro de las monjas de la Presentación y también profesor de música. Es posible que, además de comedias y dramas, se presentaran zarzuelas, pues Calvo le solicitó a su amigo Nicolás Bayona conseguirle partituras y letras zarzuelas para montarlas.

Las cuatro piezas colombianas consideradas aquí fueron escritas en distintas épocas, durante el siglo XX, y su objetivo es presentar

Artículo publicado en: Teatro colombiano contemporáneo. Antología (1992). Centro de Documentación Teatral. Madrid, España. Esta obra se puede leer en

El presente artículo fue publicado en un número monográfico de la revista Gaceta dedicado al poeta José Asunción Silva, cuya