
BOGOTÁ ESCENIFICADA. SIGLO XX: CUATRO OBRAS DE TEATRO
Las cuatro piezas colombianas consideradas aquí fueron escritas en distintas épocas, durante el siglo XX, y su objetivo es presentar
Nació en Cali (Valle del Cauca), el 19 de febrero de 1925 y murió en la misma ciudad, el 31 de diciembre de 2003. Dramaturgo, director, actor y teórico del teatro. Pintor y poeta.
Buenaventura cursó la secundaria en el Colegio Santa Librada, de Cali, hasta 1940. Después estudió artes plásticas en la misma ciudad y, posteriormente, se trasladó a Bogotá a estudiar arquitectura; aunque, al poco tiempo cambió de rumbo e ingresó a la facultad de Filosofía de la Universidad Nacional.
Los relatos que Buenaventura refería sobre su vida o sus viajes siempre eran fantásticos; pero, cuando recordaba su nacimiento y algunos episodios de su juventud, todo quedaba cubierto por un halo de encanto y misterio. Era inevitable mirarlo con admiración y un poco de envidia, pues no resistía la comparación con la vida de las personas que lo escuchaban, a quienes empezaba a sonar su cotidianidad insignificante, al lado de las aventuras del joven Buenaventura. Él contaba que su existencia había sido explosiva, desde su nacimiento, pues cuando su madre Julia Ema Alder tenía seis meses de embarazo, una fábrica de pintura, ubicada en el sótano de la casa, había estallado y ella, para salvarse, corrió y corrió envuelta en llamas como si fuese una antorcha humana. Cuando el fuego fue apagado, como resultado de aquella barahúnda y de la conmoción, doña Julia Ema dio a luz a su hijo, a Enrique, quien era tan pequeño que cabía en el bolsillo del abrigo de su tío Manuel María Buenaventura. Debido a que la madre había sufrido muchas lesiones corporales, el bebé tuvo varias madres de leche, más dos o tres mujeres de la familia que se encargaron de criarlo y cuidarlo.
En su juventud, por elección, Buenaventura llevó una vida errabunda, y fue el periodo durante el cual dio sus primeros pasos en el teatro; aunque, en realidad, ya los había dado en su niñez, cuando su abuela le enseñó a recitar poemas y a hacer montajes teatrales. El pequeño también se embelesaba escuchando a su padre, Cornelio, quien era un fabulador innato y a quien el niño remedaba de manera tan disparatada, pero reconocible, que todos en la familia gozaban con sus ocurrencias. Adulto ya, ese pequeño imitador y parodista se convirtió en un Maestro del teatro. Reconocido como uno de los grandes impulsores del teatro moderno colombiano, como teórico de la creación colectiva y embajador cultural del país, durante décadas. Representó al país en congresos y festivales internacionales, realizó incontables giras artísticas con su grupo, el legendario Teatro Experimental de Cali, por Europa, Sur y Centroamérica. Su labor fue aplaudida con innumerables premios y homenajes, como uno que le otorgó la Unesco, otro del Ministerio de Cultura, El Calima de Oro de la Junta Regional de Cultura, y el Premio Aplauso, en Bogotá, 1990.
Según su amigo Santiago García:
“Su aporte a las artes escénicas del país tiene implícita la superación del costumbrismo decimonónico y una apertura hacia las distintas vertientes de la modernidad, y especialmente al marxismo, el psicoanálisis y el estructuralismo”.
Se le recordará también por sus largas conversaciones con el público, después de las funciones, por su hermosa figura y sonora carcajada. Hoy sus cenizas reposan en el patio del teatro, bajo la sombra de un frondoso árbol de mango.
Estando en Cali, el joven Enrique se enroló en el Circo de Andrés Crovo y su teatro carpa, con el que recorrió el país. En este aprendió el oficio de payaso. Por ese entonces, también conoció al actor Luis Carlos Chiappe, quien lo introdujo en la radio. Es en este momento en que la compañía de Francisco Petrone, que estaba de gira por el país, arriba a la ciudad. Buenaventura asiste a la puesta en escena de La muerte de un vendedor viajante, de Arthur Miller. ¡Quedó deslumbrado! No lo pensó un minuto. Abandonó todo y se enganchó con la compañía argentina. Con esta viajó por Argentina y distintos países de América del Sur. Un tiempo después, en Venezuela la compañía se disolvió y Buenaventura decidió embarcarse como marinero por el Caribe. Para sobrevivir, desempeñó todo tipo de trabajos: apuntador de teatro, periodista, profesor, pinche de cocina y un largo etcétera. En Haití conoció el vudú, en Brasil las farsas populares con música, danza y el carnaval, investigó sobre la santería y se consagró a Oshún. En Buenos Aires conoció el movimiento de los teatros independientes de Leónidas Barletta, así como a nuevos dramaturgos latinoamericanos y mundiales; en Santiago de Chile estuvo en contacto con el teatro universitario y, así sucesivamente, este periplo lo llevó a conocer mundos nuevos y que años más tarde él narraría de manera tan vívida, como si todo hubiese ocurrido el día anterior.
A finales de 1955, Buenaventura regresó a Cali y comenzó a trabajar como asistente de dirección de la Escuela Departamental de Teatro, que en ese momento estaba dirigida por Cayetano Luca de Tena. Desde su regreso y hasta el día de su muerte estuvo inmerso en el teatro, la pintura, la poesía y en el desarrollo de su labor pedagógica y artística, de manera incansable e ininterrumpida. Fundador y director del Teatro Escuela de Cali (1963) que, dos años más tarde, se convirtió en el legendario Teatro Experimental de Cali, Tec. Recibió el honoris causa de la Universidad del Valle, lo cual le permitió crear el Taller de Teatro al interior de la universidad, fundamento de la facultad de teatro. Por sus obras La requisa y La trampa fue expulsado de la Universidad del Valle, bajo el argumento de que eran injuriosas con las Fuerzas Armadas y peligrosas para el orden. Este hecho también provocó la supresión de los auxilios oficiales al Teatro Escuela de Cali y éste desapareció como institución oficial. Lo anterior, sumado a la carencia de un sitio estable para crear, movió a Buenaventura a fundar el Tec y a conseguir una sede estable.
A lo largo de los años, Buenaventura realizó varias exposiciones de pintura, entre ellas, en 1984, cuando expuso en la Cámara de Comercio y en la Universidad Libre. En el Museo Rayo, en Roldanillo (Valle). De su obra poética también se encuentran algunos poemas publicados en revistas y en uno de sus libros.
Entre los numerosos ensayos teóricos del dramaturgo figuran los siguientes títulos: “De Stanislavsky a Brecht” (1958); “Teatro y cultura”; “Teatro y política”; “El arte nuevo de hacer comedias y el Nuevo Teatro”; “La interpretación de los sueños y la improvisación teatral”; “Esquema general del método de trabajo del Tec”; “Dramaturgia nacional y práctica teatral”. Como se puede deducir de los títulos anteriores, el autor formalizó su propio método de creación teatral con el Teatro Experimental de Cali, explicó la manera como se llevaban a cabo las improvisaciones, las cuales conducirían a concretar el texto final de las obras. Dichas improvisaciones se hacían por medio de ejercicios basados en analogías y contradicciones. Algunos grupos teatrales de ese momento siguieron este método. Igualmente, su método fue traducido al francés (Ediciones Máspero, 1975), al inglés (Popular Theater for Social Change in Latin American, UCLA Latin American Studies), al italiano (Le Maschere, il teatro Feltrinelli, 1979).
Buenaventura también es uno de los teóricos del Nuevo Teatro colombiano, rótulo con el cual él y otros creadores, como Santiago García, se arroparon y, además, teorizaron sobre distintos aspectos, cada uno desde sus propias prácticas escénicas y variables estéticas, aunque, sin romper las premisas básicas de la tendencia. Con ello alcanzaron un fuerte ascendiente social y artístico e influencia entre los más jóvenes teatreros. Varios conceptos fueron desarrollados, como, por ejemplo, la distinción del Nuevo Teatro como un “movimiento” innovador, caracterizado por su cohesión, dado que sus integrantes compartían objetivos comunes. Su ruptura radical con los procesos tradicionales de producción teatral, lo cual consolidaba una nueva poética y establecía nuevas formas de relacionarse, en especial, con un “nuevo” público. El público era su objetivo principal; por tanto, los artistas no podían esperar a que este llegara a sus escenarios, sino que debían ir a buscarlo en donde se encontrara, principalmente, en las fábricas, sindicatos, asociaciones comunitarias, plazas, calles, etcétera.
La ruptura con la tradición incluía la manera como los artistas se relacionaban entre ellos, al interior de los conjuntos teatrales, y a los cambios en la configuración grupal, que debía romper con las estructuras jerarquizadas de las compañías comerciales y, de acuerdo con esto, todos sus miembros, desde el dramaturgo y el director, hasta el personal técnico y de apoyo, mantenían la misma importancia, dado que todos confluían en un mismo fin: la creación teatral. Así mismo, el Nuevo Teatro, adoptó las teorías marxistas, su perspectiva, la formalización de la historia del teatro occidental y la desestimación de cualquier otro tipo de teatro realizado en el pasado, en el país. En la creación teatral, el Nuevo Teatro abrazó las teorías de Bertolt Brecht, aunque adaptándolas a las circunstancias colombianas.
Entre 1957 y 1970, Buenaventura montó con el Tec obras del repertorio universal, tales como: Petición de mano (1957), El canto del cisne (1959), El oso (1959) de Antón Chéjov, Edipo Rey de Sófocles, La discreta enamorada (1961) de Lope de Vega, Sueño de una noche de verano (1958), La fierecilla domada, traducción de W. Shakespeare; esta última estrenada en 1963 por el Tec, que contó con la actuación de Fanny Mickey. Casamiento a la fuerza (1957), El enfermo imaginario (1962) y Don Juan de Molière, La casa de Bernarda Alba (1962) de Federico García Lorca y otras más.
Igualmente, Buenaventura adaptó a la escena obras literarias, la primera de ellas fue el cuento de Tomás Carrasquilla, En la diestra de Dios Padre, y a lo largo del tiempo realizó cinco versiones del mismo: la primera, escrita en 1956 y publicada en Bogotá, en 1959; la segunda versión, inédita, data de 1960, fue estrenada este mismo año por el Teatro Escuela de Cali; la tercera versión (1962), fue realizada por Buenaventura a su regreso a Colombia, después de adelantar estudios en París; la cuarta versión, inédita, fue escrita entre 1974-1975 y estrenada en 1975, por el Teatro Experimental de Cali Tec, en Bogotá; la quinta versión, también inédita, fue estrenada en Cali por el Tec, en 1985. Luego, la agrupación emprendió con esta pieza una larga gira por el país. Como su título levemente ha variado a lo largo del tiempo, es relevante distinguirlos: bajo el nombre de En la diestra de Dios padre (1963), se publicó en Bogotá; y en México (1964) se publicó con un subtítulo: En la diestra de Dios padre. Mojiganga en dos actos; en 1985, se publicó en Bogotá bajo el título de A la diestra de Dios padre.
Continuando con las adaptaciones hechas por Buenaventura, del mismo Carrasquilla versionó dos cuentos más Palonegro, que él tituló La Guariconga, San Antoñito y El ánima sola (Bogotá, 1990), publicada también como El ánima sola. (Inspirada en el cuento homónimo de don Tomás Carrasquilla), (México, 1990). De la literatura universal adaptó Los inocentes, basada en Monserrat del argelino Emmanuel Robles, fue estrenada en 1967 por el Tec, en Bogotá, bajo la dirección del autor y de Luis Fernando Pérez; Los hombres de la mina, inspirado en un texto de Ferenc Herczeg, estrenada en 1975 por el grupo La Máscara, en Cali, bajo la dirección de Gilberto Ramírez; Tirano Banderas, en 1968, basada en la obra homónima de Ramón del Valle Inclán. También realizó versiones de La Celestina de Fernando de Rojas (1964), de El rey Ubu de Alfred Jarry (1966), El fantoche de Lusitania de Peter Weiss (1969), Escuela para viajeros (1988), inspirada en el cuento El Guardagujas de Juan José Arreola, representada en el VI Festival Nacional de Teatro y en el I Festival Iberoamericano, de Bogotá, entre otros títulos.
Buenaventura también escribió, adaptó y dirigió obras infantiles y para teatro de títeres, la mayoría de ellas estrenadas por el grupo Arlequín y por el Teatro Estudio de Cali. Entre sus títulos se hallan los siguientes: Blanca Nieves y los siete enanos (1959); La Cenicienta (1960), adaptación basada en el cuento de Charles Perrault; Caperucita Roja (1961); Alí Baba y los cuarenta ladrones (1962); La bella durmiente del bosque (1962); Barba Azul (1962), estrenada en Cali y presentada en septiembre de ese mismo año en el VI Festival de Teatro de Colombia, en el Teatro Colón de Bogotá. Simbad el marino (1963), estrenada por el Tec, bajo la dirección de Pedro I. Martínez; Aladino y la lámpara maravillosa, estrenada en 1965, entre otras obras.
Autor y director de las piezas inéditas, El diablo llegó a la aldea (1955), pieza desaparecida, estrenada en 1955, en Buenos Aires (Argentina); Misterio de la adoración de los reyes magos (1957), estrenada por el Teatro Escuela de Cali, bajo la dirección del autor y la participación en la puesta en escena de la Coral Palestrina, dirigida por Luis Carlos Espinoza; Tío Conejo zapatero (1958), El monumento (1959), América (1959), El utopista (1959), Los tres Juanes, estrenada el 13 de octubre de 1960 por el Teatro Experimental Universidad Libre, en el Teatro Colón de Bogotá, bajo la dirección general de Alejandro Buenaventura y la dirección escénica de Ramiro Corzo. Jazmin Rosse (1962), Juan Sin Tierra (1962), La tierra (1974) y Los comuneros (1974), ambas piezas fueron estrenadas en 1974 por el Tec, en Cali, aunque fueron retiradas de su repertorio después de su estreno; La hija del jornalero que se voló con un jilguero (1974), pieza de teatro de títeres, estrenada en 1974 por el Tec; La sopa de piedras (1974), para títeres; El padre (1975), estrenada en 1975 por el Teatro Estudio Los Indiferentes, en Bogotá, bajo la dirección de Jorge Enrique Gaitán; Historia de una bala de plata, ganó el premio Casa de las Américas (1980), creación colectiva del Tec, escrita en su primera versión en 1976 y estrenada en 1979, en la muestra regional de Teatro de Cali; Cantaliso (1982), La farsa de las equivocaciones (1984), esta pieza fue elaborada por Buenaventura teniendo como base sus obras El presidente y La audiencia, fue estrenada en 1984 por el Tec; El dragón de los mares (1994), estrenada en 1995 por el Tec, bajo la dirección de Jacqueline Vidal; La huella (1995), Paulina (1995), Crónica de los taínos y Los dientes de la guerra, esta última quedó inconclusa.
Varios libros que recogen obras de Buenaventura han sido publicados. El primero de ellos, titulado Teatro (Bogotá, 1963), contiene las piezas Un réquiem por el padre Las Casas; La tragedia del rey Christopher; En la diestra de Dios Padre, tercera versión. El segundo libro, Los papeles del infierno y otros textos (México, 1990), contiene las obras La audiencia; La tortura; La autopsia; La maestra, La orgía, El menú, La requisa; Se hizo justicia, y Crónica. La enrevesada historia de Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar.
En 1997, la Presidencia de la República de Colombia publicó una colección de libros agrupados en la serie: Biblioteca Familiar Presidencia de la República, y Enrique Buenaventura formó parte de este conjunto, con una antología titulada Teatro inédito, cuyo prólogo fue redactado por Carlos José Reyes. Contiene las piezas: Cristóbal Colón, Ubú Rey, adaptación de la obra de Alfred Jarry; La trampa (1965-1966), El presidente, publicada con anterioridad, en 1967 (Bogotá); La denuncia (1971), La Guariconga (1962), El convertible rojo (1970), Vida y muerte del Fantoche lusitano, basada en el texto de Peter Weiss; El canto del fantoche lusitano, La encrucijada (1981), El encierro, versión de su pieza, titulada El entierro (publicada antes en Bogotá, en 1968), La corista (1989); Proyecto piloto (1989), La estación, El nudo corredizo: esta pieza se divide en dos: El dragón de los mares y El lunar en la frente; La ronda, pieza basada en un cuento de tradición oral; El Guinnaru, pieza corta basada en la tradición oral africana; El canto de la sirena; San Antoñito; Sketch de las finanzas; y Ópera bufa.
Otro libro fue titulado Enrique Buenaventura, Máscaras y ficciones: Suma antológica. Dramaturgia, narrativa, canciones, poesía, ensayística, dibujos (Cali, 1992). Uno de los últimos libros publicados es la edición realizada por la Fundación Mulato y el Teatro Experimental de Cali, Tec, titulado Los papeles del infierno y otros testimonios falsos y metódicos (Bogotá, 2019), que recoge las ocho piezas breves, incluidas tradicionalmente bajo el título de Los papeles del infierno. El libro contiene, además, algunos ensayos de Enrique Buenaventura y de Jacqueline Vidal, y una reseña del Tec.
Asimismo, varias obras del maestro Buenaventura han sido traducidas a otros idiomas, como el inglés y el alemán. En este idioma, la editorial Henschel Schauspiel publicó en Berlín, para las dos Alemanias (en ese entonces, 1984) una traducción de Los papeles del infierno, realizada por Fritz Roudolf Fries.

Las cuatro piezas colombianas consideradas aquí fueron escritas en distintas épocas, durante el siglo XX, y su objetivo es presentar

Artículo publicado en: Teatro colombiano contemporáneo. Antología (1992). Centro de Documentación Teatral. Madrid, España. Esta obra se puede leer en

El presente artículo fue publicado en un número monográfico de la revista Gaceta dedicado al poeta José Asunción Silva, cuya